Alejándose del borde (1)

Recuerdo cuando era muy pequeño y comenzaba mis lecciones de natación. En un principio, mi instructora me pidió sostenerme del borde de la piscina con las manos, y patalear un poco para así ir practicando en movimiento de mis piernas.
Pero este ejercicio no es nadar, y llegó un día que tuve que alejarme del borde para simplemente hacer lo que tenía que hacer. En ocasiones, uno puede sentir un poco de miedo o reserva ante lo desconocido, probablemente por eso mismo, porque no nos resulta familiar el resultado posible.
No obstante, en la mayoría de las ocasiones, para ganar algo hay que soltar el borde y abandonar la zona segura. Muchos años después, estando en un casino, me tocó alejarme de la zona segura por primera vez.
Yo venía jugando mis apuestas con un límite de 1-2. Los resultados comenzaron a favorecerme, y decidí que ante la racha, lo mejor sería mover mis límites arriba del 2-4, y en ocasiones a 3-6.
Hubo un par de pérdidas que me hicieron titubear un poco; después de todo, ya me estaba alejando demasiado del borde. Y entonces vino un jugoso juego a 5-10 y tuve esta pequeña corazonada que me invitó a ver qué sucedería.
Al final de la partida, pude ganar y equilibre la balanza un poco a mi favor. Esto suele suceder cuando tenemos confianza en nosotros mismos y las posibilidades que van a nuestro favor son buscadas por nosotros de manera inteligente y sin perder la calma en la apuesta.
En ocasiones, las probabilidades pueden ir en nuestra contra en las apuestas, pero lejos estaremos de perder nuestro capital si comprendemos que las tendencias cambian.
