El profesional: Una buena historia qué contar

En las pistas de carreras hay agitación, hay confusión, hay una explosión de estímulos a todos nuestros sentidos dadas las apuestas.
En casi todos lados, menos en una pequeña habitación que parece invisible a los ojos del resto de los apostadores que se agolpan en las pistas de carreras.
Hay un cuarto misterioso en las pistas de carreras.
Casi secreto, casi lúgubre.
Hay librerías con más sonido de lo que se oye en esta habitación.
Algunos hombres de aspecto promedio están esparcidos allí adentro.
No hablan, y no apartan su mirada de las pilas de papeles, de carpetas, y de diarios que se despliegan en las mesas ubicadas frente a ellos. Papeles de gran importancia diria cualquier observador.
A veces se puede oír el sonido de algún teléfono celular.
Han quedado atrás las festividades del mundo exterior, y así es exactamente como les gusta a quienes ocupan esta habitación.
Éste espacio no pareciera un salón deportivo, sino su oficina.
Ellos apuestan a los caballos, pero se trata de apostadores en el sentido más suelto de la palabra.
A diferencia de la mayoría de los demás apostadores, éstos tienen las probabilidades a su favor.
Las pistas de carrera son su trabajo, esta habitación es su cuartel general corporativo y el aire que se respira huele a apuestas.
Ellos son apostadores profesionales, y esta habitación es el santuario que les permite hacer su trabajo.
